The Financially Insecure Class: Why I Support Proposition 40
By/Por Juan Francisco Esteva Martinez
ESPAÑOL DEBAJO
Recently, I became very ill while visiting my family in San Francisco and needed to go to the emergency room for inflammation throughout my body. When I was employed and had health insurance, the decision was straightforward: get treatment now and pay the copayment later. Now, as a retiree without employer-sponsored coverage or eligibility for Medi-Cal, that decision is much harder. Like many people struggling financially, I try to avoid emergency room bills that could consume money needed for groceries, housing, and utilities. But what happens when home remedies do not work and medical attention becomes necessary? A health emergency can threaten both our health and our financial stability. Many of us—retired workers and people living in poverty—belong to a financially insecure class, with little protection against an unexpected medical bill.
Proposition 40 offers one way to support California’s public health care system. It would impose a one-time wealth tax of 5% on qualifying billionaires who were California residents on January 1, 2026, with real estate, pensions, and retirement accounts generally excluded. Ninety percent of the revenue would fund public health care services; the remainder would support education, food assistance, and administration of the tax. For people who depend on public services, that funding could make a meaningful difference. It would not automatically provide insurance to everyone, but it could help sustain services that financially vulnerable Californians need.
Extraordinary wealth is not created in isolation. Businesses depend on workers, public infrastructure, education, and investments in research and development. California’s prosperity reflects the contributions of working families as well as entrepreneurs and investors. Asking those with the greatest wealth to contribute more toward the well-being of the people who help sustain that prosperity is a matter of fairness. Our collective contribution to California’s economy should be reflected in our access to basic necessities.
All Californians should be able to obtain medical treatment with dignity, including people who have spent their lives contributing as workers, caregivers, and neighbors. That dignity should extend to people whose age, health, or circumstances prevent them from working. We should not be forced to choose between seeing a doctor and keeping food on the table or a roof over our heads.
There are tradeoffs. California’s Legislative Analyst’s Office estimates that the tax would probably generate tens of billions of dollars over several years, rather than immediately. It also projects that billionaires’ responses, including relocation, would probably reduce ongoing state income tax revenue by less than $1 billion annually. Those concerns deserve serious consideration, along with transparent accounting of how the new money is spent. A one-time tax is not a permanent solution to our health care problems. Still, I support Proposition 40 because protecting access to essential services is worth a greater contribution from those most able to afford it. Despite extensive testing, including X-rays, blood work, and swabs, the doctors could not determine what was causing my illness. The tests left me with a bill of more than $1,000. The hospital offered financial assistance, and my application is currently under consideration.
For the financially insecure, access to care can determine whether one illness becomes a lasting financial crisis.
Chicoyaze
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La clase económicamente insegura
Por qué apoyo la Proposición 40
Recientemente, me enfermé gravemente mientras visitaba a mi familia en San Francisco y tuve que acudir a urgencias por una inflamación en todo el cuerpo. Cuando tenía empleo y seguro médico, la decisión era sencilla: recibir atención de inmediato y pagar el copago después. Ahora, como jubilado sin cobertura médica de un empleador ni elegibilidad para Medi-Cal, esa decisión es mucho más difícil. Como muchas personas que enfrentan dificultades económicas, trato de evitar cuentas de urgencias que podrían consumir el dinero destinado a alimentos, vivienda y servicios básicos. Pero ¿qué pasa cuando los remedios caseros no funcionan y la atención médica se vuelve necesaria? Una emergencia médica puede poner en riesgo tanto nuestra salud como nuestra estabilidad económica. Muchos de nosotros —trabajadores jubilados y personas que viven en la pobreza— pertenecemos a una clase económicamente insegura, con poca protección frente a una cuenta médica inesperada.
La Proposición 40 ofrece una manera de apoyar el sistema público de salud de California. Impondría, por una sola vez, un impuesto del 5% sobre el patrimonio de los multimillonarios sujetos a la medida que residían en California el 1 de enero de 2026. Por lo general, los bienes inmuebles, las pensiones y las cuentas de jubilación quedarían excluidos. El noventa por ciento de la recaudación financiaría servicios públicos de atención médica; el resto se destinaría a educación, asistencia alimentaria y administración del impuesto. Para quienes dependen de los servicios públicos, estos recursos podrían marcar una diferencia significativa. La medida no proporcionaría automáticamente seguro médico a todas las personas, pero podría ayudar a sostener servicios que necesitan los californianos económicamente vulnerables.
La riqueza extraordinaria no se crea de manera aislada. Las empresas dependen de los trabajadores, la infraestructura pública, la educación y las inversiones en investigación y desarrollo. La prosperidad de California refleja las contribuciones de las familias trabajadoras, así como las de empresarios e inversionistas. Pedir a quienes poseen la mayor riqueza que contribuyan más al bienestar de las personas que ayudan a sostener esa prosperidad es una cuestión de justicia. Nuestra contribución colectiva a la economía de California debería reflejarse en nuestro acceso a las necesidades básicas.
Todos los californianos deberían poder recibir atención médica con dignidad, incluidas las personas que han dedicado su vida a contribuir como trabajadores, cuidadores y vecinos. Esa dignidad también debe extenderse a quienes no pueden trabajar debido a su edad, su salud o sus circunstancias. No deberíamos vernos obligados a elegir entre acudir al médico y mantener comida en la mesa o un techo sobre nuestras cabezas.
Existen beneficios y costos que debemos considerar. La Oficina del Analista Legislativo de California estima que el impuesto probablemente generaría decenas de miles de millones de dólares a lo largo de varios años, en lugar de hacerlo de inmediato. También prevé que las respuestas de los multimillonarios, incluida su mudanza fuera del estado, probablemente reducirían los ingresos estatales recurrentes por impuestos sobre la renta en menos de mil millones de dólares al año. Estas preocupaciones merecen una consideración seria, junto con una rendición de cuentas transparente sobre el uso de los nuevos recursos. Un impuesto único no es una solución permanente a nuestros problemas de atención médica.
Aun así, apoyo la Proposición 40 porque proteger el acceso a los servicios esenciales justifica una mayor contribución de quienes tienen más capacidad para pagar. A pesar de las numerosas pruebas, incluidas radiografías, análisis de sangre y muestras tomadas con hisopos, los médicos no pudieron determinar la causa de mi enfermedad. Las pruebas me dejaron una cuenta de más de mil dólares. El hospital me ofreció asistencia financiera y mi solicitud se encuentra actualmente en evaluación.
Para quienes vivimos con inseguridad económica, el acceso a la atención médica puede determinar si una enfermedad se convierte en una crisis financiera duradera.
Chicoyaze















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